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Conciertos realizados.
INTERESANTES LECTURAS INFORMATIVAS.
Por: Manfredo Kraemer
“Bach y Albicastro”
Bach y Albicastro en un concierto: una reunión improbable de dos compositores situados en las antípodas, al menos las de la notoriedad. El primero forma parte, junto a Vivaldi y Händel, de la tríada de compositores barrocos insoslayables, mientras que el segundo es actualmente casi desconocido. Pero ni Bach fue en vida el monstruo sagrado que es hoy, ni Albicastro en su época un maestro de último rango. Mientras la historia, justa a veces pero siempre caprichosa, reivindicó a uno, sumió al otro en un olvido merecedor de mejor suerte.
Probablemente suizo, Henricus Albicastro pasó al menos una parte de su vida en Amsterdam, donde fueron publicadas todas sus obras. Militar de carrera, sirvió como capitán de caballería en las fuerzas aliadas durante la Guerra de Sucesión española. Sin embargo, no puede haber sido un mero soldado: la calidad extraordinaria de sus obras revela a un violinista virtuoso y compositor profundo, contrariamente a la modesta definición de ”aficionado musical” con la que se presenta en el prefacio a su op. 1. Johann J. Quantz declara en 1755 haber estudiado en su juventud las obras de Albicastro, Biber y J. J. Walther, asociándolo así con los dos violinistas y compositores
para violín de mayor influencia en la época. Sus obras solísticas presentan todas las dificultades y “adelantos” de la técnica instrumental del momento, y también las orquestales evidencian a un compositor experimentado y experimentador, “moderno”: su tratamiento de la armonía es sorprendentemente audaz y cromático, y su sofisticada escritura fugal es la de un avezado contrapuntista.
Johann Sebastian Bach compuso sus Suites orquestales en distintas épocas, dándoles su forma definitiva durante su estancia en Leipzig. El género Obertura-suite, introducido desde Francia por J. Kusser, discípulo de Lully, se hizo pronto popular entre los compositores alemanes. Su forma clásica incluía la obertura, con sus movimientos lento-rápido-lento, seguida de la suite propiamente dicha, con las danzas allemanda, courante, menuet, sarabanda y giga, que sin embargo eran frecuentemente cambiadas por otras.
Los Conciertos dedicados al Margrave Christian de Brandeburgo fueron escritos durante la época sin duda más feliz de Bach, sus años en la pequeña corte de Cöthen. Allí tuvo a disposición un conjunto de virtuosos que le permitió dar rienda suelta a su creatividad sin reparos en la dificultad de las partituras. Surgieron así de su pluma las partitas y sonatas para violín solo, las suites para violoncello, y justamente estos
conciertos para diversos instrumentos, que exigen el máximo de sus ejecutantes. Trompeta, violín, violín piccolo, oboe, flauta traversa, flauta dulce, clavecín y viola (la parte que Bach más amaba tocar en la orquesta: sin duda él tocó una de las partes solistas en el sexto concierto) han encontrado aquí obras maestras que permanecerán siempre y con justicia entre los clásicos de su instrumento. |