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Conciertos realizados.
INTERESANTES LECTURAS INFORMATIVAS.
Por: Manfredo Kraemer
“Esplendor del barroco instrumental italiano en el siglo XVIII”
Durante todo el siglo 17 y con tendencia creciente, Italia exportó músicos y música a todos los confines europeos. De lo primero, un caso emblemático es también el más extravagante: el de Giovanni Battista Lulli, que emigró a Francia y lejos de intentar imponer allí el modelo italiano, mutó su nombre en Jean-Baptiste Lully, acaparó literalmente la escena musical en Versalles (sin duda, una proeza política además de musical), incorporando, perfeccionando y modelando lo existente con su indudable maestría, y dando origen así a una auténtica “escuela francesa”. La lista de italianos que como Lully hicieron carrera lejos de su patria es interminable. Baste aquí citar sólo algunos: Antonio Bertali en Viena, Biagio Marini en Alemania, Domenico Scarlatti en España, Francesco Geminiani en Inglaterra...
La exportación de música, o más abarcadoramente, de un gusto y un estilo, se produjo de dos maneras: la difusión de compositores italianos en otras partes de Europa a partir de importantes centros editoriales como Amsterdam y Londres; y el viaje de estudios a Italia, especie de peregrinación a la Meca musical que casi de rigor todo compositor no italiano emprendía por iniciativa propia o enviado por la corte que lo empleaba para que se instruyese y regresase a casa puesto al día en “las perfecciones de la música moderna”. También aquí la lista podría ser larguísima: Schütz, Rosenmüller, Muffat, Westhoff, Charpentier, Leclair... y dos de los compositores presentes en nuestro programa, Avison y Handel.
Antonio Vivaldi, junto con Stradivari quizás el italiano más conocido (el ranking se puede discutir o ampliar, pero es indudable que los dos cumplen un requisito fundamental para la fama imperecedera: están con soltura en boca incluso de aquellos que ignoran sobre ellos casi todo), gozaba ya en vida de una enorme fama en toda Europa. Fuente y origen de ésta fue la edición en Amsterdam, en 1711, de su colección de conciertos “L’Estro armonico”. En ellos, Vivaldi mezcla características tradicionales del concerto grosso con elementos innovadores, típicamente vivaldianos. El concierto en sol menor se encuentra fuertemente inspirado en los Concerti Grossi de Arcangelo Corelli, que en su clásica perfección tuvieron valor modélico para generaciones de compositores. El concierto en si menor por su parte rinde homenaje, en su forma, a otros dos grandes exponentes del concerto grosso: Torelli y Valentini. J. S. Bach, que llamativamente no realizó el mencionado viaje de estudios a Italia y en rigor casi no salió de su Turingia natal, transcribió este concierto (y otro más) para cuatro clavecines y orquesta, haciendo así manifiesta su admiración por Vivaldi y “L’Estro armonico”.
Los conciertos de Charles Avison son en verdad arreglos, realizados con la típica franqueza y desenfado de una época todavía ignorante de los derechos de autor, en la que la transcripción de obras ajenas era aún moneda corriente y, en todo caso, un honor para el “plagiado”. Casi todos sus movimientos (doce conciertos contiene esta colección) suponen adaptaciones de las sonatas para clavecín de Domenico Scarlatti (1685-1757). La razón del perspicaz Avison para adaptar los “Essercizi per Gravicembalo” radica sin duda en la amplia popularidad de la música de Scarlatti en Inglaterra en el temprano siglo 18. En palabras de Charles Burney, uno de los primeros historiadores musicales ingleses, “...las de Scarlatti fueron no sólo las piezas preferidas de todo joven intérprete que quería demostrar sus habilidades como ejecutante; fueron además la maravilla y delicia de todo oyente que poseyese una centella de entusiasmo y fuese capaz de comprender la novedad y la audacia de los efectos producidos por la violación intrépida de casi todas las viejas reglas establecidas de la composición”. El propio Avison, hoy prácticamente olvidado, fue en vida un compositor extraordinariamente exitoso, como lo demuestran los tirajes de las numerosas ediciones de sus obras, sólo comparables contemporáneamente con las de Geminiani.
“He aquí la verdad” dicen que dijo Beethoven, cuando poco antes de su muerte le fue obsequiada la edición en cuarenta volúmenes de las obras principales de Handel. Para ese entonces el incondicional entusiasmo de Beethoven por Handel había estado creciendo desde al menos una década. Así, en 1817 dijo que ahora apreciaba más a Handel que a Mozart, y posteriormente en varias otras ocasiones dejó asentado que consideraba a Handel el más grande compositor de todos los tiempos. Vista la innegable influencia sobre Beethoven de compositores “modernos” como C.P.E.Bach o Haydn, tamaña admiración por un músico más bien conservador asombra. Lo que seguramente le impresionó, e impresiona aún hoy, es el instinto infalible de Handel para dotar a su música de energía y de urgencia, y su genio para crear movimientos de perfecto equilibrio y simetría arquitectónica. Prueba de estas virtudes son los 12 Concerti Grossi op. 6, pináculo en la música instrumental de Handel que ha sido equiparado con el “Clave bien temperado” de Bach . Escritos en 1739, en apenas un mes, luego de varios desastres financieros que hicieron zozobrar sus emprendimientos de ópera y peligrar seriamente su salud, dan fe del espíritu tenaz y práctico de su autor. Mientras en el continente el estilo de concierto veneciano en tres movimientos que propagara Vivaldi se había impuesto como modelo, Handel, conocedor del gusto algo anticuado de su público, orientó sus conciertos según los compositores predilectos del género, Corelli y Geminiani, logrando en este restrictivo marco, sin embargo, una paleta estilística extraordinariamente variada y ecléctica.
Pocos datos biográficos poseemos de Francesco Durante, y en cambio muchas anécdotas y chismes de tiempo muy posterior, cuya veracidad no está asegurada. En todo caso, se sabe que en sus últimos treinta años de vida fue un muy solicitado y renombrado maestro en varios conservatorios de su Nápoles natal. Si hay algo asombroso, casi extraño en la biografía de un compositor napolitano del siglo 18, es que no haya compuesto óperas. En efecto, Durante se concentró casi exclusivamente en la composición de una ingente cantidad de música sacra vocal. El estilo sumamente personal y extravagante de Durante tuvo en su época admiradores y críticos en igual medida. Quantz objetó el “gusto bizarro e insolente”; Rousseau lo declaró el más grande maestro de la armonía en toda Italia, y Grétry alabó su sensible tratamiento del contrapunto. El concierto “La Pazzia” (La Locura) es quizás el mejor ejemplo de esta bizarría e insolencia: el primer movimiento, una desconcertante mezcla de tempestuosos allegros de la orquesta y extensos affetuosos de las violas solistas; el segundo, ampliado a seis voces, con osadas conducciones de voces y disonancias, y el allegro final que retoma el espíritu caprichoso del primer movimiento. La obra en su totalidad parece de algún modo un homenaje a Vivaldi, a aquel Vivaldi bizarro y desenfrenado de las Cuatro Estaciones. |